Últ. actualización
Valoración:
Carmé Chacón. Lecturas para una madre
Actualizado Lunes, 28-07-08 a las 13:42
La ministra de Defensa nos habla sobre los libros y reflexiones que la acompañaron en su baja maternal. Libros que son un mundo dentro del mundo, un espacio personal para unos días en los que a veces, anhelaba «volver al despacho». Un despacho propio.
Un libro suele ser siempre el rincón más tranquilo de una casa. Te sientas o te tumbas o paseas con tu bebé en brazos y el libro en la mano, y encuentras la paz o el sosiego que el trajín de los acontecimientos te había arrebatado. Cuando una es madre primeriza y lectora voraz, las páginas de un libro pueden ser el mejor refugio para esos pocos minutos del final de un día agotador. O para ese momento en el que tu niño duerme y tú intentas crear un espacio propio en el interior de esa paz; un mundo dentro de ese otro mundo ya de por sí maravilloso. Siempre he sentido los libros como espacios abiertos; lugares en los que habitas, en los que te puedes sumergir para trasladarte a otro tiempo y, sobre todo, a otro lugar. Como el espejo de Alicia o el armario de Narnia.
Un libro -un buen libro se entiende- oculta siempre en su interior un mundo nuevo. Recuerdo haber leído el comienzo de Una habitación propia sentada en un banco de una gran ciudad que no era la mía. Cuando Virginia Woolf cuenta cómo se sentó a orillas de un río a reflexionar sobre lo que iba a decir en su famosa conferencia, sentí de pronto que aquella calle atestada de tráfico se convertía en un bucólico paraje de la campiña inglesa. «Pero, me diréis, le hemos pedido que nos hable de las mujeres y la novela. ¿Qué tiene esto que ver con una habitación propia?», decía Virginia Wolf al comienzo de su alegato a favor de su propio ser, como escritora y como mujer.
Una habitación propia. Independencia económica y personal. Parecía una utopía inalcanzable, pero para buena parte de las mujeres del mundo desarrollado ya no lo es. Reconozco que en los cuarenta días (y cuarenta noches) de baja maternal he anhelado a veces volver a mi despacho. Tener un despacho propio, como espacio real y simbólico, es algo que muchas mujeres que lo desean tienen aún que conquistar. Una habitación, un despacho, un estudio, una casa, unos libros propios.
«Nos mudamos otra vez. Siempre estábamos de mudanzas. Ningún problema. La ropa era nuestra, las sábanas también, una silla desparejada y la famosa mesa, y los libros, montones de libros». Quien habla ahora desde las páginas de un libro es Doris Lessing, premiada en 2007 con el Premio Nobel de Literatura. De nuevo, aparece como leitmotiv el espacio, el hogar. Mi reciente maternidad y mi nuevo despacho han coincidido en el tiempo con un cambio de domicilio provisional. Las ocupaciones profesionales y políticas me han forzado ya a unas cuantas mudanzas. Y, como seguramente sucede a muchos lectores, hasta que no estuve entre mis libros, no sentí que estaba en mi propia casa.
Uno de esos libros que me ha ayudado a crear hogar en mi domicilio transitorio y que me ha acompañado durante mi baja ha sido, precisamente, el que les acabo de citar. No se trata, en realidad, de un libro de Doris Lessing sino de una compilación de textos sobre la relación entre la condición de madre y creadora. Moyra Davey, la editora del volumen, confiesa en la introducción: «Tuve mi primer hijo a los treinta y ocho años, un bebé con cólicos que no dormía de noche. Al no estar preparada para los rigores de la crianza, ni siquiera para los del bebé "bueno", me vi sumida en una crisis.» Fue la época en que leyó gran parte de las obras recopiladas en Maternidad y creación. Prosigue: «Leí para romper con el aislamiento, para inspirarme, seguir adelante y sentirme mejor; para vivir la gratificante experiencia de ver mi propia existencia reflejada de forma vívida en un espejo y, sin duda alguna, para sentir la alegría sin igual de disfrutar de una literatura extraordinaria».
Sin duda, Moyra Davey consigue retratar, a través de los textos seleccionados, la experiencia que supone ser madre y perseverar en ser una misma, una mujer con aspiraciones y deseos propios. A través de diarios, relatos o ensayos de casi una veintena de escritoras de diferentes épocas, Maternidad y creación conmueve e invita a la reflexión al mismo tiempo. Entre los textos recopilados por Davey destacaría, personalmente, los de Margaret Atwood (que acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias de las Letras), Tony Morrison, Elizabeth Smart y la ya citada Doris Lessing. En cualquier caso, todos ellos aportan una mirada con sentido y sensibilidad, a veces oblicua pero siempre interesante, al conjunto.
Mirada oblicua, a veces estrábica, casi siempre hilarante. El humor es algo que tienen en común muchos de los textos de Maternidad y creación. Todas las madres sabemos que hace falta humor para desdramatizar situaciones y disfrutar del embarazo y de las primeras semanas de maternidad. Incluso aquellas que no son primerizas, como la periodista y escritora Marta Robles, que demuestra una enorme capacidad para romper moldes y clichés en su desternillante Diario de una cuarentona embarazada. Esta divertida novela en clave de diario ha sido otra de las lecturas que han amenizado estos días de frenesí y repliegue.
Humor como liberación y como conquista sobre un asunto, el de la maternidad, que, tradicionalmente, ha sido tratado con una actitud condescendiente y a menudo paternalista. «La Revolución femenina ha logrado la socialización de la sexualidad y la transformación de la idea tradicional de familia. La mujer, de forma progresiva, va ganando espacios que antes eran exclusivamente masculinos, con todo el impacto social que dicho cambio sugiere», afirma Joana Bonet en Las metrosesenta. Y añade: «Sus consecuencias [las de este cambio revolucionario] sin duda han influido en el día a día de las generaciones de mujeres que han vivido ese choque cultural, cuyo estrepitoso eco se sigue escuchando. De los fogones al parlamento, de la invalidez legal a la paridad, de la invisibilidad de los cincuenta años a que éstos representen el poder de la madurez (Angela Merkel, Michel Bachelet, Hillary Clinton, Ségolène Royal, María Teresa Fernández de la Vega.)». Ellas son sin duda las pioneras y una referencia para todas nosotras.
«Supermujeres»
Joana Bonet es, además de una escritora de pluma ágil y amena, una de las periodistas que ha retratado con mayor acierto a las mujeres de mi generación, las nacidas en torno a 1975 (con 15 años de margen, es decir, siete años antes o después de esa fecha). Las «metrosesenta», como ella misma nos describe en el título de este libro que también me ha acompañado durante estas semanas, hemos sido las primeras en dar decididamente el paso de conjugar nuestra vida privada con la vida pública. Somos mujeres de carne y hueso, a quienes se exige a menudo el comportamiento de «supermujeres»; mujeres muy diferentes las unas de las otras, que nos estamos liberando de estereotipos y clichés para disfrutar de la vida que hemos decido tener.
Hubo un tiempo en el que las mujeres tenían que pagar un precio muy alto por llegar a ser ellas mismas, por querer tener una vida propia sin renunciar a nada. Un tiempo en el que, como advertía Virginia Woolf, las mujeres carecían de lo más elemental para poder ser escritoras, o pintoras, o arquitectas, o abogadas: dinero y una habitación propia. Síganme, porque ahora el escenario ha cambiado. Ya no estamos en la Inglaterra victoriana, ni en la Rhodesia de Doris Lessing, ni en el Canadá de Margaret Atwood, ni el profundo sur de Estados Unidos de Toni Morrison... Estamos en este tiempo nuestro, en el de Marta Robles o Joana Bonet, en algún rincón de España. Síganme, a través de esta página, hasta este nuevo escenario. Una mujer, una madre cualquiera, lee con su hijo en brazos, mientras a ratos suspira por un despacho, por un espacio propio.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...